El Crepúsculo de la Soberanía: Cuando el Petróleo Reescribe las Fronteras
La operación estadounidense en Caracas no solo removió a un régimen; inauguró una doctrina de 'soberanía condicional' donde los recursos financian la intervención. Bolivia observa en silencio: ¿es el litio el siguiente en la lista de activos estratégicos?
CARACAS — No fue el estruendo lo que definió la madrugada del 3 de enero, sino la precisión quirúrgica del silencio que lo precedió. Antes de que las alarmas antiaéreas pudieran siquiera registrar la amenaza sobre la base de La Carlota, la arquitectura del poder en Venezuela ya había sido desmantelada. Bajo la cobertura de una noche sin luna, operadores de la Fuerza Delta y el 75º Regimiento Ranger no solo ejecutaron una extracción forzosa de Nicolás Maduro; ejecutaron, en tiempo real, la muerte del orden diplomático interamericano que había regido desde el final de la Guerra Fría.
Mientras los helicópteros furtivos cruzaban el Caribe llevando al ahora expresidente hacia una celda en Nueva York, en Washington se redactaba un guion diferente. No hubo apelaciones a la carta democrática ni retórica sobre los derechos humanos universales. En su lugar, el Presidente Donald Trump ofreció una transacción brutalmente honesta al mundo: las petroleras entrarían, arreglarían la infraestructura y harían dinero para "recuperar los costos".
En esa frase, despojada de cualquier eufemismo diplomático, yace el verdadero terremoto geopolítico. La "Operación Resolución Absoluta" no es simplemente un cambio de régimen; es la notificación formal de que en el hemisferio occidental, la soberanía se ha vuelto un concepto líquido, subordinado a la seguridad energética de la potencia del norte.
La Doctrina de la "Soberanía Hipotecada"
Para el observador casual, las imágenes de Fuerte Tiuna neutralizado bajo una saturación electrónica pueden parecer el clímax de una película de acción. Sin embargo, para los juristas internacionales y los estrategas en La Paz y Brasilia, lo que ocurrió el sábado es la demolición sistemática del Artículo 2.4 de la Carta de la ONU.
La incursión, realizada sin mandato del Consejo de Seguridad, revive el fantasma de la "diplomacia de las cañoneras", pero con una actualización corporativa del siglo XXI. Al declararse dispuesto a administrar el país hasta una transición "adecuada", Washington ha asumido, según el IV Convenio de Ginebra, el estatus de "Potencia Ocupante".
Esto plantea una paradoja legal fascinante y aterradora: Estados Unidos es ahora responsable de alimentar a la población que acaba de "liberar", mientras admite abiertamente su intención de monetizar los recursos del subsuelo para pagar la factura de la invasión. El derecho internacional define el saqueo (pillage) como un crimen de guerra; la Casa Blanca lo redefinen hoy como un modelo de negocio de recuperación de costos.
El Silencio Incómodo de la Región
La reacción en América Latina revela una fractura que va más allá de la ideología; es una fractura existencial. Mientras el Presidente Lula da Silva en Brasil denuncia un retorno a la "barbarie colonial", otros capitales guardan un silencio pragmático, calculando sus propias vulnerabilidades.
La OEA se encuentra paralizada, convertida en un espectador irrelevante ante la fuerza bruta. El sistema de seguridad colectiva, diseñado en 1948 para prevenir exactamente este tipo de unilateralismo, se ha evaporado. Lo que queda es un escenario de Realpolitik pura: si tienes recursos que el mundo desarrollado necesita desesperadamente —y no puedes defenderlos—, tu bandera es poco más que una sugerencia decorativa.
Bolivia y la Sombra del Litio
Es aquí donde la historia deja de ser una crónica caribeña para convertirse en una alerta andina. Si el petróleo pesado de la Faja del Orinoco justifica, a los ojos del Pentágono, una ocupación militar y una administración corporativa directa, la pregunta que resuena en los pasillos del poder en Bolivia es inevitable: ¿Qué estatus tiene el litio?
El mineral blanco, esencial para la transición energética global y la supremacía tecnológica, coloca a Bolivia en el mismo tablero de ajedrez que a Venezuela. La presencia de consorcios chinos y rusos en el Salar de Uyuni ya no es vista en Washington como una competencia comercial, sino —bajo esta nueva doctrina de intervención— como una amenaza de "negación estratégica".
Si la premisa establecida en Caracas es que Estados Unidos no tolerará que recursos críticos del hemisferio estén bajo control hostil o "ineficiente", entonces la nacionalización de los recursos evaporíticos bolivianos enfrenta su prueba de estrés más severa. La "Operación Libertad o Control" sugiere que la seguridad nacional de EE.UU. se ha expandido para engullir la gestión de recursos ajenos.
Un Futuro de Fronteras Porosas
Al amanecer del domingo, mientras los mercados de futuros del petróleo reaccionaban con una volatilidad frenética ante la incertidumbre de una posible política de "tierra arrasada" por parte de las fuerzas leales remanentes, una certeza se asentaba sobre el continente.
La era de la diplomacia suave ha terminado. Hemos entrado en una fase de hegemonía cinética, donde la legitimidad no emana de las urnas ni de los tratados, sino de la capacidad de proyectar fuerza y asegurar cadenas de suministro.
Venezuela ha sido el laboratorio de esta nueva realidad. La historia, con su habitual ironía, nos muestra que las doctrinas probadas en el Caribe rara vez se quedan allí. Para sociedades como la nuestra, ricas en recursos y frágiles en instituciones, el desafío ya no es solo cómo desarrollar nuestra economía, sino cómo evitar que nuestra geografía se convierta, una vez más, en el botín de guerra de imperios ajenos.
La noche en Caracas fue larga, pero para la soberanía latinoamericana, el sol aún no ha salido.